Este blog nace para contar la historia de los pueblos de la comarca de Torrijos a través de imágenes y microrelatos.
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lunes, 13 de febrero de 2017

AGUSTIN RIBERA CEBOLLA. ALCALDE TORRIJOS.




Agustín Ribera Cebolla.


MÁS DATOS BIOGRÁFICOS SOBRE AGUSTÍN RIBERA CEBOLLA(ALCALDE DE TORRIJOS). 


                       

            Agustín Ribera Cebolla(1881-1944)




            El 13 de febrero de 1881, a las 3 horas, nace en Sueca(Valencia), Agustín Ribera Cebolla, hijo de Salvador Ribera Marqués y de Josefa Mª Cebolla Marqués. En este mismo día recibe el bautismo de manos de su tío, hermano de padre, Gordiano Ribera Marqués, beneficiado decano del clero parroquial.(1)
            Se doctora en Medicina y el 24 de junio de 1910 contrae matrimonio, en la parroquia de Torres Torres(Valencia), con Concepción Conde Barea, de cuya unión solo nace la pequeña Ana María Ribera Conde, pero no llega a Torrijos hasta el año 1922 para ocupar la plaza de médico, que comparte con su compañero y amigo, José Fiscer Barbeyto. Por estas fechas, en 1925, su hermano Miguel Ángel Ribera Cebolla fue alcalde de Sueca, bajo la Dictadura de Primo de Rivera.
            En ésta localidad toledana trabaja activamente por mejorar las condiciones higiénicas y sanitarias, promoviendo la creación de la Sociedad de Socorros Mutuos "La Humanitaria Torrijeña", de la cual fue presidente, e inaugura el local social el 25 de julio de 1930, en cuyo acto se entrega a los socios un ejemplar de la Cartilla Social Humanitaria. También fue el impulsor de las Escuelas de Párvulos, cuyo inmueble se conserva todavía frente al actual cuartel de la Guardia Civil.(2)
            En las elecciones municipales de abril de 1931 es elegido alcalde por la candidatura republicano-socialista, afiliándose más tarde al partido de Manuel Azaña, Izquierda Republicana. Para evitar reiteraciones, omitimos el resto de datos biográficos durante el periodo republicano por está ya desarrollados en el libro "Torrijos 1931-1944. La Guerra Civil".(3)
            El 25 de julio de 1939, una vez terminada la contienda, llega Ribera Cebolla detenido a Torrijos para ser encarcelado en la prisión local de la calle Eras de San Francisco. De aquí salé esposado para prestar su primera declaración frente a un juez militar, ante los insultos y amenazas de muertes de una muchedumbre que le increpaba en su tortuoso camino a pié hasta la sede del juzgado.
            La esposa e hija del galeno recurren a la curia diocesana de Valencia para que interceda ante los tribunales militares. La iglesia, a través del vicario general de Arzobispado, Antonio Rodilla Zanón, remite un escrito lacrado y sellado al juzgado afirmando: " El doctor Ribera Cebolla residió toda la guerra en Valencia y Torres Torres, con su esposa e hija, pacíficamente y sin destino, ni cargo o sueldo alguno. Hizo obras de caridad y visitó a los pobres de forma gratuita, además de vender toda su hacienda familiar en Torres Torres para atender a sus necesidades. Digno es don Agustín, médico inteligente y en alto grado caritativo, de que se tenga en cuenta cuanto digo al juzgarle. Y lo pido, ruego y suplico en nombre de Jesucristo. Valencia del Cid, 29 de diciembre de 1939".(4)
            Los intentos de suspender la ejecución de pena de muerte resultaron infructuosos y es fusilado en la cárcel madrileña de Santa Rita el 23 de agosto de 1944. En principio, fue condenado injustamente a 30 años de reclusión en el año 1940, pero la sentencia fue revisada bajo la presión popular de más de 100 vecinos torrijeños que firmaron un manifiesto. Con este inculpatorio escrito, precedido de un pregón voceado por las calles de la localidad, se  consiguió una nueva resolución judicial de los tribunales militares que sentenciaron al médico a la pena capital.(5)
             Se estaba cometiendo la tropelía de imputar a Ribera Cebolla  todo tipo de acusaciones ideológicas, entre ellas la pretendida responsabilidad moral de haber constituido un mal ejemplo a las "masas incultas" que después asesinarían al cura Liberio y otros derechistas locales. Triste paradoja para un alcalde que durante su mandato fue protegido por el Arzobispado de Toledo y a quien sus primos sacerdotes Julián, Gordiano y Romualdo Ribera Puchol, fueron también asesinados en Valencia el 26 de septiembre de 1936. Estos clérigos tienen incoado desde el año 2011 un expediente de beatificación ante el Vaticano.(6)

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(1) Archivo parroquial de San Pedro Apóstol de Sueca(Valencia).Bautismos 1879-1881, nº 92, folio 449 vuelto.
(2) Morales Gutiérrez, Juan Antonio: Torrijos 1931-1944. La Guerra Civil. Autoedición, Toledo, p. 15.
(3) ) Morales Gutiérrez, Juan Antonio: Torrijos 1931-1944. La Guerra Civil. Autoedición, Toledo, p. 32.
(4) Archivo General e Histórico de Defensa, sumario 1.232 seguido contra Agustín Ribera Cebolla.
(5) Archivo General e Histórico de Defensa, sumario 3.456 seguido contra Agustín Ribera Cebolla.

(6) Archivo de arzobispal de Valencia. Reverendo Andrés de Sales Ferri Chulio, Director del archivo de religiosidad del Arzobispado de Valencia.
            

jueves, 20 de noviembre de 2014

TORRIJOS EN LA GUERRA CIVIL. OTOÑO DE 1936.LOS FALANGISTAS CANARIOS





Sede de Falange en la plaza de Zocodover de Toledo. Archivo Rodríguez.





¿ Qué ocurría en nuestra comarca en los últimos meses de 1936? Los falangistas canarios en la comarca de Torrijos.  


           La  Falange en Canarias cumplirá un papel muy importante en la comarca de Torrijos dentro de los primeros meses de la guerra. En las islas, cientos de jóvenes falangistas van a ser encuadrados militarmente y nacerá el Batallón de Voluntarios Canarios. Los militares rebeldes ven a estos como la fuerza de choque civil adecuada para afrontar las tareas de represión en la retaguardia de los pueblos de nuestras comarca “liberados” por los nacionales.
             El Jefe de la milicia falangista, el Teniente Larrea, los convocó el día 18 de agosto de 1936, en la calle Buenos Aires nº 35 de Las Palmas(Diario Acción, 19/08/36). Los grupos más numerosos procederán de la capital de la isla y de Arucas, al mando de su alcalde interino Antonio Millán Rodríguez.
             El mismo día de la partida de los expedicionarios canarios, el Comandante Militar de Gran Canaria añade un incentivo importante para los que marchan al frente, reservándoles el destino, empleo y puestos de trabajo que ostentan y la obligación de sus patronos de abonar a sus familias sueldos y jornales. (Adición al Bando, firmado por José Cáceres, Comandante Militar de Gran Canaria en Acción, 7/9/36).
           La tarde de sábado, 5 de septiembre de 1936, se embarcaron en el vapor Dómine con dirección a Vigo, para posteriormente viajar a Cáceres en tren. La toma de Talavera se verifica el día 3 de septiembre, nueve días antes de la llegada de las milicias canarias. A la ciudad de la cerámica llegan el día 12 de septiembre y allí les espera un destino distinto al que ellos creían: el trabajo en la retaguardia y no el de luchar en el frente.
             Una vez llegados a Talavera instalan allí su cuartel general, supeditados a las órdenes del mando central militar, que pronto les anuncia la tarea que tienen reservada: la limpieza en la retaguardia.
             El rápido avance de las columnas rebeldes del general Yagüe hacia Toledo exigía destinar efectivos para eliminar a los elementos que pudieran ser sospechosos de acciones republicanas. Se trataba de extirpar de raíz todos los hipotéticos peligros para el "Nuevo Orden".
       Recorrían los pequeños pueblos existentes a ambos lados de la carretera de Extremadura, siendo su primera incursión la del día 17 de septiembre de 1936, cuando la 1ª centuria de Arucas, al mando de Jiménez y Millán, ocupan Garciotum. Esa misma jornada toman Lucillos y a la siguiente Otero, Escalona y El Bravo.
              A lo largo de un mes, entre mediados de septiembre y octubre, apenas van a moverse de sus posiciones entre Talavera y Toledo: El Casar, Los Cerralbos, Cebolla, Erustes, Hormigos, Gerindote, Torrijos, La Puebla. Agrupados en centurias, escuadras y falanges, los canarios, apenas tienen que pegar un tiro para tomar los pueblos citados. Así, una carta escrita por el falangista de San Mateo, Jerónimo Ojeda Martínez, publicada en fecha 15-11-36 en el periódico canario Hoy, dice lo siguiente:

“ Hemos visto periódicos de las islas en los que nos ponen como grandes héroes y…todavía los canarios hemos dado muy pocos tiros, ya que no hemos intervenido en acciones de envergadura, aunque creo que pronto nos emplearemos a fondo”

              El cuartel general de los canarios permanece en Talavera, con posiciones fijas en Cazalegas y El Casar,  y desde allí se organizan los relevos. Respondía a una estrategia de proteger la carretera de Extremadura como camino de penetración de las tropas hacia Madrid. Otra de las vías a cuidar hacia la capital era la línea férrea Talavera-Madrid, por ello vigilan con especial esmero las localidades de Erustes, Mesegar, Montearagón y Torrijos.
              El fenómeno represivo sobre la disidencia es un elemento central en la estrategia del golpe militar. Tal y como escribía Mola en su famosa Instrucción Reservada nº 1, “ la acción ha de ser en extremo violenta, para reducir los antes posible al enemigo”. Es lógico pensar que los mandos militares de la columna Yagüe impartieran instrucciones claras acerca del cometido a desempeñar por los canarios.
            En algunas de las cartas y escritos, en muchos casos publicados por la prensa grancanaria, los protagonistas explican los objetivos que tienen que cumplir con toda claridad: “Ya muy pronto terminará esta guerra de destrucción; hay que ir limpiando y conquistando palmo a palmo…” dice el falangista Antonio Martín Vera en una carta emitida a su hermana María y publicada en el periódico ( Hoy, 16/10/36, pág. 3). También el capellán Nicolás Peña se refiere, en una de sus cartas, “al daño moral y mala semilla sembrada por los rojos y que no hay más remedio que desterrar, cueste lo que cueste”*( Acción, 24/10/36, p. 9). Otro falangista lo dice más claro: “ Aquí nosotros únicamente estamos en operación de limpieza, tal como tomar pueblecitos donde aún quede algún vestigio de semilla roja, nombrar autoridades, reponer la bandera, crear comités de Falanges, etcétera, etc.*( Carta de un falangista publicada en Acción, 16/10/36, pág. 3).
          En la crónica del periódico canario Hoy, Luís Real escribe las carta que recibe de Toledo: “…cuando salimos de Canarias éramos tímidos, apocados, indecisos,..” en cambio “…ahora somos hombres…”,”…circula por todos nosotros un fuego extraño que nos excita y nos mantiene con un coraje hasta ahora desconocido…”. “…aunque nunca he tenido miedo, no me podría imaginar que a los 25 años tuviera en mi haber cincuenta y nueve mareos, ¿entiendes?...”.*(Hoy, 19/9/36, Luís del Real publica la carta del falangista José I. Ojeda)
         Este falangista canario, José I. Ojeda, jefe local de San Mateo, revela en sus cartas la evolución de su psicología asesina. El 23 de octubre de 1936 tiene 25 años y ya tiene en su haber lo que él llama 59 “mareos”. También dice que fue el encargado de la “limpieza” de Talavera. “Mareó”, además, al Comandante Militar de Santa Cruz del Retamar, después de la limpieza llevada a cabo el 6 de octubre. De a localidad de Rielves, villa de la que era Comandante Militar al momento de escribir la carta, dice que “ siempre me tendré que acordar, aunque no quiera, y el pueblo de mí, pues lo he limpiado de abisinios. Pero hay otras cartas en las que cuenta otras “hazañas”. Por ejemplo, en Burujón ha estado “ pelando mujeres, mareando fulanos y haciendo labor patriótica”( Carta de José I. Ojeda A Sebastián Jiménez Sánchez, de 16-12-36, en Museo Canario, Archivo Sebastián Jiménez Sánchez, 58,6,16).
       Un elemento central en la justificación de las acciones de los milicianos canarios es no dejar con vida a personas que pudieran obstaculizar el avance militar. Pero lo que encuentran los falangistas canarios a su llegada a los pueblos, en aquel septiembre de 1936, es una población atemorizada que no ofrece resistencia. La mayoría de los milicianos republicanos y líderes frentepopulistas locales, o miembros de los Comités  implicados en delitos de sangre, se encaparon a zona republicana. Sin embargo, en Mesegar, según una carta de un falangista publicada en el diario Acción(16-10-36), afirma: “..pudimos detener a casi todos los dirigentes del Comité Rojo, pues los otros habían salido pitando días antes de nuestra entrada en el pueblo..”.
          Muchas crónicas y cartas publicadas hacen referencia  en lo que se encuentran en los pueblos de la comarca de Torrijos que van ocupando y a la represión republicana de días atrás. Así, por ejemplo dicen que en Calera más del 75% del pueblo está de luto por los asesinatos de los “rojos”, que huyeron de la localidad antes de la toma de la misma.*(Carta de Lucas y Tomás Arencibia, en Acción, 13/10/36). Que en Domingo Pérez los frentepopulistas mataron a la familia Olmedo y a otros. Así, el propio capellán de los expedicionarios dice “…que en todos los pueblos ocupados no queda ni un solo sacerdote, todos han sido asesinado de la manera más vil y salvaje…”, para después aludir a los “…destrozos de iglesias, asaltos a casas, ganados robados, graneros deshechos…”.
            Sin embargo, en El Casar de Escalona fusilan a 10 personas, entre ellas chicas y chicos de 14 años, porque(según el cronista) les estaban disparando. *(Crónica de Luís del Real en Hoy, 19/9/36).
        La detención de vecinos calificados como rojos sólo puede deberse a una tarea de investigación y denuncias. Así, la crónica de Luis del Real(Hoy, 17-10-36,pp. 1 a 8) cuenta la historia de un personaje misterioso llamado Arana, al que llama el “agente”, que se encargaba de dicha tareas de indagación. Así, en Hormigos, a mediados de octubre, los falangistas de Arucas ocuparon el pueblo en el que se habían refugiado republicanos huidos de otras poblaciones. Después del consejo de guerra en el que intervino el agente Arana, la crónica concluye con un escueto “Ahora todo está tranquilo”, con lo que podemos hacernos una idea del destino de los prisioneros.
          Pero las labores de los falangistas no se limitaban a la vigilancia y limpieza de la retaguardia, sino que también hacen las labores de los sepultureros. En Escalona, enterraron a los “rojos” muerto en el combate.(Crónica de Luís del Real, en Hoy, 17-10-36). En esta misma crónica se da cuenta de la captura de un tal “Churro”, que considera “un cabecilla de los más grandes de la localidad de Calera. Le dieron un culatazo mientras intentaba huir y lo llevaron al pueblo en mula donde le debieron ejecutar ya que la carta termina: “ Pues así hemos limpiado el pueblo”.(1)
           


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(1) CANTERO MILLARES, Sergio. Los Falangistas canarios en el frente de Toledo, Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha, pág 22  ss.





miércoles, 5 de noviembre de 2014

TORRIJOS. FOSAS DE LA GUERRA CIVIL

Vista aérea de Torrijos. En la parte inferior, la flecha indicada
el lugar donde estuvo enclavada la fosa común.



TORRIJOS Y SUS FOSAS COMUNES DE AMBOS BANDOS EN LA GUERRA CIVIL.



        Las veintidós personas que fueron asesinadas en Torrijos, en los meses de verano de 1936, fueron arrojadas al llamado "Pozo de Barcience", próximo a esta localidad. Entre ellas se encontraba el cura párroco Liberio, el diputado nacional González Sandoval, el empresario señor Calderón y el poeta Yébenes Garoz. Sus cuerpos solo permanecieron un mes en la fosa porque fueron exhumados con todos los honores a finales de diciembre de 1936 y sus restos trasladados al cementerio de la villa. Asistieron al acto el obispo de Toledo, el coronel del Tercio de la Guardia Civil y demás autoridades locales. (1)
          Por el otro bando, el más de medio centenar de hombres y mujeres asesinados en Torrijos, en los meses de septiembre de 1936 y 1937, fueron arrojados al llamado "Pozo del Camino de la Vega", situado en la actual calle Gibraltar Español. La mayoría de ellos eran personas anónimas que no pudieron ser identificadas y tampoco sus defunciones pudieron ser inscritas en el Registro Civil. Dichos cuerpos permanecieron medio siglo en la fosa. Fue en el año 1983, por iniciativa del entonces alcalde, Miguel Ángel Ruíz Ayúcar, cuando se produjo el traslado de restos  al cementerio de la localidad.(2)


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(1) Periódico El Alcázar, 27 de noviembre de 1936.
(2) MORALES GUTIÉRREZ, Juan Antonio: Torrijos 1931-1944. La Guerra Civil, pág. 65 y ss.
          

miércoles, 24 de septiembre de 2014

TORRIJOS. GUERRA CIVIL

Comparativa actual, septiembre de 2014.



Soportales de la plaza de Torrijos a finales de septiembre de 1936. Biblioteca Nacional.


LLEGADA DE LAS TROPAS NACIONALES A TORRIJOS EL 22 DE SEPTIEMBRE DE 1936.


    Los temidos "moros", acompañados de falangistas y requetés de origen andaluz, ocuparon Torrijos el día 22 de septiembre de 1936, sin oposición de ningún tipo.
    Para no sufrir posibles represalias, más de dos tercios de la población torrijeña había abandonado la villa días antes. Comienza así la llamada represión nacional en la "liberada comarca de Torrijos". La mayoría de las muertes ocurridas en estas fechas no quedaron registradas en ningún lugar. Dejaron a decenas de vecinos soterrados en las cunetas, en las tapias de los cementerios o allí donde caían abatidos. Cualquier sitio era bueno para abandonar los cadáveres, pero su destino final será el llamado "pozo del camino de la Vega". A esta fosa común fueron arrojadas la mayoría de las personas que murieron de forma violenta, a manos de "moros" y falangistas, en esos últimos meses de 1936 y primeros del siguiente año.
    La vecina Gerindote también fue ocupada ese 22 de septiembre, día de su fiesta patronal. Aquí, al contrario que Torrijos y la mayoría de los pueblos limítrofes, su alcalde socialista no huyó a zona republicana y salvó, en principio, su vida. Sin embargo, no tuvieron la misma suerte más de media docena de paisanos cuyos cuerpos siguen aún desaparecidos en algún lugar de la villa.

domingo, 15 de diciembre de 2013

IMÁGEN DE TORRIJOS EN LA GUERRA CIVIL.

Bombardeo próximo a La Colegiata de Torrijos. Fotro cedida por el investigador torrijeño Paco Gómez de Agüero

Esta imagen de una casa derruida por un bombardeo es de Toledo. Archivo Rodríguez.

TOLEDO. GUERRA CIVIL. ÉXODO.

Esta imagen del Archivo Rodríguez refleja éxodo sufrido por las personas que tuvieron que abandonar su pueblo tras estallar la guerra civil.




    En la comarca de Torrijos ocurrió que las tropas de Franco venían acompañadas del llamado Ejército de África, compuesto por indígenas de Marruecos: eran los temidos moros que todo lo arrasaban a su paso. Por ello, el 80% de las familias torrijeñas abandoraron sus hogares, aunque no hubieran estado significadas políticamente.


La población de Torrijos dejó abandonada la villa el día 22 de septiembre de 1936.

Fuerzas moras a su llegada a una localidad.




miércoles, 11 de diciembre de 2013

TORRIJOS. EL DÍA 18 DE JULIO DE 1936



¿ QUE OCURRIÓ EN TORRIJOS AQUEL 18 DE JULIO DE 1936?


         Y llegó el día que todos esperaban. Aquel 18 de julio de 1936 era sábado y el calor sofocante se abatía sobre Torrijos. Ese día 18 de julio, como en todas las localidades toledanas, ante la ausencia de Guardia Civil por estar en vías reclusión en el Alcázar, el poder siguió momentáneamente en manos del Ayuntamiento. Pero el alcalde, Agustín Ribera Cebolla, de forma inesperada viajó a Madrid para entrevistarse con dirigentes de su partido, Izquierda Republicana. Su compañero de formación política, también médico como aquel, y presidente de la Diputación meses atrás, en calidad de teniente alcalde, le sustituyó en la difícil tarea de hacer frente a una revolución social que estalló como respuesta al golpe militar.
           A los pocos días, el Ayuntamiento quedó relegado a un segundo plano en beneficio del Comité de Guerra, cuya misión era controlar todas las incautaciones, las cárceles, las multas, los registros y las ejecuciones.
         Casi como norma general, podríamos decir, en aquel verano del 36 las calles de pueblos de nuestra comarca se llenaron de hombres y mujeres armados. Muchos de ellos no estaban allí para defender la República, sino para hacer la revolución. A donde no había llegado la República con sus reformas, llegarían ellos con la revolución. Personas aparentemente pacíficas mataron a mansalva cuando con un arma en la mano actuaban colectivamente contra unos enemigos que querían poner fin a lo conseguido en las urnas semanas atrás.
         El alcalde, Agustín Rivera Cebolla, pronto se vería desbordado por los líderes del Comité local.  El 21 de julio, Fiscer requiere telefónicamente a Cebolla su inmediata presencia en Torrijos. Le hace saber que él también se encuentra sobrepasado por la aptitud violenta y descontrolada de las Juventudes Socialistas y Comunistas de la localidad. Sus integrantes habían celebrado una asamblea  en su sede de “La Humanitaria”, acordando formar un Comité de defensa de la República.
         Pero en esa fecha, 23 de julio, tanto Fiscer como Rivera Cebolla ya sabían que el peligro ya no vendría de la mano de su implacable rival político en la localidad, Julio González Sandoval, sino de sus propias filas frentepopulistas. Sin embargo, fue el expresidente de la Diputación quien soportó el primer envite revolucionario ante la repentina ausencia del primer edil.
         El Comité se constituyó en los primeros días siguientes a la insurrección y se posesionó de una habitación del Ayuntamiento que utilizó como sede. Pero como ocurriera en casi todas las localidades de la comarca dentro dicho órgano existía una bicefalia de poderes: los que estaban a favor de las ejecuciones y los que sólo apoyaban las detenciones preventivas, incautaciones o multas. La mayoría de las veces, el Comité actuaba de forma contraria a las directrices marcadas por el Ayuntamiento.
          El alcalde, a primeros de agosto, a su vuelta de la capital, se encontró un  Ayuntamiento que era un hormiguero de milicianos forasteros, campeando a sus anchas por el edificio consistorial, buscando información y domicilios de los personajes más destacados de la derecha torrijeña que pronto serían  apresados y confinados en la Colegiata. Nadie era capaz de ofrecer una respuesta dura a los desmanes del Comité. Un hervidero de poderes armados, de difícil control, sembraron la anarquía municipal. Pero primero Físcer y después Cebolla supieron aguantar a los milicianos forasteros llegados, sobre todo, de Toledo.
       Sin embargo, el Ayuntamiento no pudo evitar la primera muerte ocurrida en Torrijos el 9 de agosto. Se trataba del sacerdote de Val de Santo Domingo, Franco Aguilera Carrasco, que fue descubierto por milicianos cuando pasaba por Torrijos camino de su villa natal. Incluso el domicilio de Rivera Cebolla también fue registrado por los milicianos forasteros que habían sido informados por el Comité que allí escondía algún vecino de ideología contraria. Pero no encontraron a nadie.

     Los primeros arrestos a derechistas comenzaron el 12 de agosto en las personas de Manuel Montero y su hijo de Antonio Montero Cebeira, joven dirigente de Acción Católica, abogado de profesión y estrecho colaborador del cura Liberio. También detuvieron el mismo día a Julio González Sandoval, que por su constitución física comenzó a ser apodado “El Sapo”,  a varios miembros de la familia Calderon, otros tantos de la saga Benayas y al ex alcalde la CEDA, Ángel González Angulo, “Taramona”, entre un total de casi cuarenta encarcelados.
        Pero unas horas antes de que comenzaran los asesinatos, algunos derechistas pudieron escapar de la Colegiata porque comenzó a llegar de Madrid la ayuda solicitada semanas atrás por el Ayuntamiento.   El  guardia de asalto Felipe Marcos García Redondo, natural de Aranjuez, junto con Ribera Cebolla y Fiscer Barbeyto fueron los artífices de esta fuga.
     La madrugada del 13 de agosto comenzaron los asesinatos....Continuará.
               
Torrijos a principios del siglo XX. Colección del autor.