Este blog nace para contar la historia de los pueblos de la comarca de Torrijos a través de imágenes y microrelatos.

sábado, 18 de enero de 2014

HORMIGOS. Un crímen sin esclarecer.




Los conflictos laborales del campo dieron lugar al crímen de Hormigos en 1933. Foto Rodríguez.



UN CRÍMEN SIN ESCLARECER EN LA LOCALIDAD DE HORMIGOS.



            Esta localidad ocupó la primera plana de los rotativos provinciales por los hechos ocurridos la noche del 13 de julio de 1933. Se produjo el asesinato de un obrero del campo, de filiación socialista y secretario de la Casa del Pueblo.
          Al final de esta publicación que ahora comentamos se transcriben a texto completo, para los lectores que no se conformen con un simple microrelato, dos artículos de prensa de periódicos de ideología comtrapuesta.
       Nunca se descubrió quien fue el autor del asesinato de Hormigos. Desde hace más de diez años llevamos investigando lo sucedido porque la causa penal seguida en la Audiencia Provincial de Toledo no aparece. Tras entrevistar a más de una decena de nonagenarios, en otras tantas residencias de ancianos de la comarca,  ninguno pudo desvelarlo. A la mayoría de los abuelos interrogados, algunos centenarios, se les leía previamente los artículos de prensa que aquí se ahora reproducimos. Y todos coinciden en que jamás se supo quien fue el autor de esa muerte.
                  
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 El periódico católico El Castellano narraba los hechos así:

       “El predomino marxista en muchos pueblos ha dado a las relaciones de trabajo un carácter genérico de lucha de clases, tanto más dura cuanto mayor es la influencia de las organizaciones obreras.
      Hormigos es uno de estos pueblos en que las relaciones entre patronos y obreros han sido enconadas por la desconfianza y el odio, y son entre sí enemigos mortales.
    Hay en Hormigos una poderosa organización socialista, dirigida por un joven médico de ideología extremista. Esta agrupación, integrada por una mayoría de los hombres del pueblo, consiguió copar el Ayuntamiento en el que influyen decisivamente.
    Así, por ejemplo, desde el advenimiento de la República había un puesto de la Guardia civil, pero cuando se constituyó el actual Ayuntamiento socialista, el alcalde y el médico lo suprimieron. Una comisión de patronos visitó al gobernador rogándole su restablecimiento, pero ante el informe negativo de la corporación municipal, lo denegó.
    En estas condiciones de orden público existentes en el pueblo, llegó el verano. Las rapiñas eran tantas, que los patronos se vieron obligados a defender por sí mismo sus cosechas. El primer efecto lógico de esta situación se dio en la noche del 25 al 26 de junio de 1933. El patrono Teodoro Zurita fue hacía las once de la noche a vigilar un trigo de su propiedad y encontró allí a dos hombres que estaban robando. Le dijeron: “ ¡ Huye!”. Zurita les replicó  que eran ellos quienes tenían que marcharse, pues él se encontraba en sus fincas. La respuesta fue un tiro de perdigones. Uno le perforó el labio y otros cuatro o cinco le hirieron superficialmente en la cabeza al propietario.
    El día 13 de julio, apareció en el sitio denominado Los Sanfolines el cadáver del joven Cruz Rojas Gómez, de filiación socialista. Junto a él, se encontraron dos sacos llenos de garbanzos recién segados y una hoz. Todavía no se ha podido averiguar quien fue el autor de la muerte.
    El suceso produjo gran excitación entre los obreros. Se declaró una huelga general que duró cuatro o cinco días y fue necesaria la concentración de la Guardia civil. Ésta detuvo al dueño del garbanzal, Dámaso Benayas Dorado y a sus dos hijos, Gabriel y Gerardo. Todos ellos conducidos al Juzgado de Escalona y tres días después fueron puestos en libertad”.


    Por su parte, el rotativo socialista El Heraldo de Toledo, tras imputar al sacerdote de la localidad la autoría del artículo del periódico católico El Castellano, que acabamos de leer, replicaba:

     “Decía el cura de Hormigos que en este pueblo se ha suprimido el puesto de la Guardia Civil por voluntad del Ayuntamiento socialista. Pues bien, en Hormigos no hubo nunca tal puesto. Ha habido en alguna ocasión cinco números concentrados procedentes de Valladolid, reclamados por los caciques para ver si coaccionaban a la gente y ganaban las elecciones, cosa que no consiguieron.
      El Ayuntamiento se quejó de la conducta de aquellos civiles, pues actuaban sin conocimiento del alcalde hasta el extremo de que ni siquiera el cortés saludo se cruzaba. En la afueras del pueblo, enseñaban a tirar con pistolas y escopetas a los hijos de los caciques, los cuales carecían de licencia de armas. Estos hechos motivaron las quejas del Ayuntamiento. Juzgue, pues, la opinión pública sensata.
     Habla el cura de las raterías innumerables que se cometen. Pues nosotros afirmamos que a la Alcaldía no se ha denunciado ni un caso de éstos. El Juzgado tampoco ha celebrado ningún juicio de faltas de esta naturaleza.
    Teodoro Zurita fue herido por los suyos debido a una equivocación, pues estaban esperando a los obreros, y hasta es casi seguro que fue un tío suyo. ¡ Y gracias a que empezó a voces, porque sabía lo que le iba a ocurrir, por no ignorar la trama!. Y si no grita lo asesinan. Es un verdadero escándalo ver a los caciques a todas horas haciendo alardes de las armas en plan de guapeza; van por las calles con las escopetas y las pistolas en las manos.
    Y así fue muerto nuestro compañero, como fue herido Teodoro Zurita: a traición y por la espalda; y después tuvieron la avilantez de poner al lado del cadáver dos sacos de garbanzos y una hoz. Pretendían hacerle la injuria después de muerto y presentarle como un ladrón.
    Pero los sacos eran de la casa del cacique y los garbanzos no eran de los que se crían por el sitio donde lo asesinaron. Después existe una declaración de dos peritos que afirman que el muerto no había segado garbanzos inmediatamente antes de morir porque esta labor deja una huella inconfundible en las manos.
    El asesinato lo cometieron a las 11,30 de la noche y por la mañana mandaron a un chico que fuera a por agua al sitio donde estaba el muerto, advirtiéndole el camino que debía seguir, aunque fuera el más largo hasta llegar al pozo.
    Esto lo desfigura el cura, el representante de Dios en Hormigos, y a pesar de decir a los incautos de que Dios está en todas partes, él no tiene inconveniente en profanar la memoria de un muerto.
    Todas las cosas que pasan en el pueblo se las atribuyen al médico, que por cierto no es nada de joven. Él es quien orienta a los obreros que están sumidos en la ignorancia. Veamos un caso curioso relacionado con él. Un patrono, Benito Galán, tenía sus obreros asegurados; cuando uno se accidentó, pretendía que el médico extremista falseara la realidad diciendo que ganaba diez pesetas para obtener un beneficio.
    En su información, el cura termina con los tópicos jesuíticos diciendo que el pueblo era antes una balsa de aceite, que la paz del Señor estaba con todos y no había diferencias en el vecindario. La paz del Señor estaba con todos pagando a los trabajadores 2 pesetas de jornal, y a lo sumo 10 reales, por jornadas de trabajo de 22 horas. Si alguno protestaba, se le despedía fulminantemente para que no contagiara a los demás. Si alguno levantaba la voz se le apaleaba brutalmente, porque en este pueblo se pega a las personas como a las caballerías. A eso llama el cura la paz de Dios y la caridad cristiana.
    El veterinario titular, hijo del cacique, en tres años reconoció dos veces la leche para velar por la salud pública. Pero siguió cobrando el sueldo sin que nadie dijera nada. ¡Qué paz aquella!
    El farmacéutico no quiere despachar a los socialistas por la noche. Ha dicho públicamente que, si algún socialista necesita medicinas por la noche, que le despachará con un tiro.
    El sumario del obrero asesinado se encuentra en el Juzgado de Escalona cuyo juez titular está ausente. Le sustituye el vecino de esta población Joaquín Vázquez, que fue secretario de Unión Patriótica y hoy contratista de la carretera de Escalona a Nombela. El abogado acusador, el compañero Ángel Lara, no ha encontrado Procurador de los que ejercen en el partido. Se niegan a ello por su amistad con los patronos. Al final se habilitó al compañero y médico de Escalona, Alejandro Rodríguez del Val".





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