Este blog nace para contar la historia de los pueblos de la comarca de Torrijos a través de imágenes y microrelatos.

viernes, 17 de enero de 2014

NOVÉS. HISTORIA ORAL. QUINTÍN BASILISO HERNÁNDEZ.





Quintín-Basiliso Hernández.




    Novés. Testimonio de Quintín-Basiliso Hernández Gómez-Caro. Practicante- A.T.S. (1918-     ).

   

       Los peores recuerdos que tengo de la II República y Guerra Civil, por que me gusta mucho el arte, es la devastación de obras artísticas y religiosas. Tanto es así que, como en Novés destruyeron una valiosa talla del Santísimo Cristo del Remedio, he donado recientemente otra en sustitución de aquella.
    En este pueblo, al existir mucha conflictividad social, se produjo una gran represión por ambos bandos.En el libro biográfico de Arturo Barea, La forja de un rebelde, famosa serie de televisión, lo explica bien; sin olvidarnos de la tendencia  republicana del autor que pasaba largas temporadas en la población.
     El foco de conflicto estaba donde siempre: en el campo. Las fincas más extensas, Guadavisa, Olveite, San Silvestre, Canillas, estaban en manos de unos pocos propietarios: el ex senador Arturo Taramona, la aristocrática Jesusa de Paz, la duquesa de Royán, la familia Benayas, o Carlos Salamanca Hierro. Los jornaleros, por la grave crisis, no tenían trabajo y tenían que comer. Ese era el caldo de cultivo.
    Al estallar la revolución en verano del 36, con el inicio de la guerra, los primeros asesinados por el Comité de Noves fueron Mariano Benayas Sánchez, Adrián Gómez Caro Ordoñez, Mariano Caro de Paz y Vicente Maroto Bullido. El primero era el Juez de Paz y los otros empleados del ayuntamiento. Después hubo muchas muertes más. En el pueblo todos sabemos quienes eran los miembros del Comité, o al menos su mayor cabecilla y autor de muchos crímenes, pero no voy a desvelarlo públicamente.
    Y por el bando contrario comenzaron el día 6 de octubre de 1936, cuando entraron las tropas nacionales en Noves. Pero a diferencia de otras localidades vecinas, aquí sí hubo enfrentamientos armados para entregar la villa.
    Ahora la represión cambió de signo. Pero la mayoría de los culpables de los asesinatos cometidos contra derechistas habían huido de la localidad hacia Madrid. Pagaron justos por pecadores. El pueblo quedó desierto ante el temor a ser víctimas de las atrocidades que, se comentaba, cometían los llamados moros. Dejamos las casas, animales y demás enseres abandonados. Noves era una villa fantasma teñida del color de la sangre. En la obra citada de Arturo Barea lo relata muy bien.
    Es imposible, al menos para mí, recordar el nombre de todos los vecinos muertos en ese mes de octubre y semanas posteriores. A Pablo Hernández Vivar, y a un tal Indalecio, cuyo apellido ignoro, les fusilaron en el camino de Caudilla. También asesinaron a otros cuatro o cinco, en la era de la tía Sara, entre ellos un señor conocido como el tío Guiñorra. El mismo día de la ocupación nacional, nada más terminar las escaramuzas defensivas, una señora gritó: “¡Matar a ese rojo!”, refiriéndose a otro vecino cuyo apodo era Matejo y su muerte fue inmediata. Después, en la posguerra, los juicios militares continuaron y ejecutaron a muchos más.
   

Quintín Basiliso Hernández Gómez-Caro.

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