Este blog nace para contar la historia de los pueblos de la comarca de Torrijos a través de imágenes y microrelatos.

sábado, 18 de enero de 2014

GERINDOTE. HISTORIA ORAL. FAUSTINA PALOMO

Faustina Palomo Moreno.

Testimonio de Faustina Palomo Moreno (1900-1981)


    No he sido curandera y tampoco tengo poderes especiales de ningún tipo, simplemente tenía mucha habilidad para colocar las ernías inguinales de los niños. Ocurría que las vísceras se salían de sus agujeros y yo las colocaba nuevamente; después les ponía un braguero de sujeción que era muy incómodo de llevar.      
   También acompañaba a una comadrona de Gerindote, llamada Alfonsa Albo, a asistir a los partos sin médico. Era curioso porque también trabajábamos de mondongueras en las matanzas de los cerdos y, a veces, cambiamos de una  tarea a otra en momentos. Pero las manos iban bien lavadas y desinfectadas con jabón de sosa que nosotras fabricábamos en nuestras casas. Yo misma soy madre de once hijos.
     Por mi edad, recuerdo muchas costumbres y creencias de Gerindote. Por ejemplo, a las madres cuando daban a luz permenecían 40 días sin salir a la calle y tampoco asistían a la Iglesia el día del bautizo del hijo: eramos las parteras las que llevabamos al recién nacido a bautizar con un delalatar de encajes. 
    La madrina del bautizo solía regalar un escapulario bendecido por las monjas de Torrijos para evitar el mal de ojos del bebé. Al salir de la Iglesia, los padrinos tiraban perras gordas ( 1 centimo de peseta) y caramelos hacía el aire para divertir el chiqueterío.
   Cuando el niño nacía desgraciadamente muerto, al no haber sido bautizado, la propia partera  llevaba a la criatura al cementerio en una cajita de cartón para ser enterrado en un recinto especial: el cuarto del limbo.
    El primer alimento que se les daba a los niños al nacer se llamaba  papero y estaba compuesto de miga de pan, granos de anís y aceite tostado. La madre que no tenía leche se decía que "tenía la enfermedad del pelo". La explicación era que, durante el parto, las madres se mordían las trenzas del pelo para mitigar el dolor. Y cuando la parturienta se quedaba sin leche para amamantar a su hijo se decía que "se había tragado un pelo" y la había llegado hasta el pezón y tenía el conducto obstruido. En estos casos, otra mujer, la llamada "madre de leche" amamantaba al recién nacido.
   

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