Este blog nace para contar la historia de los pueblos de la comarca de Torrijos a través de imágenes y microrelatos.

viernes, 13 de diciembre de 2013

SANTA OLALLA. HISTORIA ORAL. TEODORO SACRISTÁN.

Quintín Sacristán.

Testimonio del otorrino  Teodoro Sacristán Alonso (1921-      ). 


    Mi padre, Quintín Sacristán, llegó a ser uno de los constructores más importantes de España entre 1923-1931, pero empezó de albañil en Santa Olalla en los años veinte. En aquellos tiempos, la familia Hierro era la más influyente de la localidad y, al principio, mi padre fue socio de ellos en la fábrica de alcohol que su constructora edificó junto al parque. Pero problemas de índole económica en el citado negocio, dio al traste con la bonita edificación en ladrillo toledano y con la buena relación entre ambas familias.
     Está feo que yo lo recuerde, pero el día 25 de mayo de 1930 a mi padre se le concedió la Medalla del Trabajo de manos del mismísimo ministro.Se celebró un banquete en el restaurante Bombilla de Madrid y al acto asistió también el alcalde de la capital y más de 800 obreros de sus empresas que le seguían a todas partes. En su dicurso de agradecimiento, antes más de un millar de comensales, terminó pidiendo al representante del Gobierno, allí presente, que deberían solucionar la crisis obrera actual.
    Con la proclamación de la II República en el año 1931 mi padre y sus empresas se arruinaron. Él era monárquico y estaba apoyado por el general Saro, que era amigo del almirante Juan Bautista Aznar, abuelo, a su vez, del que fue presidente del Gobierno. Con la proclamación de la II República, no es que mi padre se hiciera republicano, ¡es que la mayoría de los viejos monárquicos y no monárquicos se hicieron republicanos! Además, como mi familia eran constructores de obras públicas nacionales, tampoco era como para llevar una insignia de Alfonso XIII en la solapa. Aún así, se arruinaron con la llegada del nuevo régimen.
     Sacristán Hermanos S.A., que así se llamaba su sociedad, no pudo soportar la nueva legislación económica del socialista Largo Caballero y la quiebra tardó sólo meses en llegar. Todos los contratos en vigor para construir casas militares, iglesias y edificios públicos en todo el territorio nacional se paralizaron.
    A nivel local, mi padre seguía enfrentado con los Hierro, que fueron los perdedores de las elecciones del año 1931. Aunque mi progenitor también era monárquico y de derechas, creo que supo capear mejor el temporal que se le venía encima.


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